
A continuación, adjunto un compendio de las notas y su posterior reflexión del libro «La evolución del cerebro humano», que, personalmente, me han parecido más interesantes, además del propio recorrido del libro y del aprendizaje obtenido.
Mi nota para este libro es de 2/5.
En su obra, Emiliano Brunes nos narra las diferentes teorías, las diferente zonas del cerebro, y como este se ha ido adaptando a lo largo de la evolución.
Este libro nos ayuda a entender porqué somos como somos como sociedad, porqué tenemos cultura, las diversas implicaciones que el ambiente ha tenido en neustra evolución y mucho más.
Los humanos no odiamos la violencia. Odiamos y tememos la clase errónea de violencia, la violencia en el contexto equivocado, porque su presencia en el contexto correcto es diferente.
Los cuerpos de las neuronas (la materia gris) se sitúan en la superficie de la corteza y sus conexiones (la materia blanca) en la parte más profunda. Así que aquí hay un claro vínculo espacial a la hora de organizar los cables. Cuando las dimensiones de un objeto aumenta, su volumen aumenta al cubo pero su superficie aumenta al cuadrado, es decir, el volumen crece más que la superficie.
Si hay funciones que dependen de la relación entre superficie y volumen, habrá que ajustar la forma para mantener las proporciones adecuadas. Por eso, en los cerebros más grandes, la superficie de la corteza se ve obligada a doblarse y enroscarse para aumentar al mismo ritmo que el volumen cerebral, y en consecuencia se forman los giros y los surcos que observamos en el cerebro.
La morfología estudia la forma de los organismos y de los elementos anatómicos, y en este campo se habla de isometría cuando el variar el tamaño no altera la forma.
Se habla en cambio de alometría,cuando la forma varía en relación con una modificación del cuerpo.
Aunque a lo mejor no son tan grandes, tienen más conexiones, más vías de comunicación. Muchas veces la complejidad de un sistema no depende del número de sus elementos, sino del número o de los patrones de sus conexiones, y tener lóbulos frontales con más enlaces puede haber sido un factor bastante determinante.
Pre-cúneo:es un puente entre nuestro cuerpo con el ambiente a través de lo que vemos, no solamente a nivel físico, sino también virtual (imaginación visual, simulación)
Asimetrías cerebrales: A menudo nuestros cerebros tienen las regiones frontales derechas y las occipitales izquierdas más grandes.
A lo largo de las últimas décadas se han ido turnando dos hipótesis en el puesto de teoría principal sobre la evolución de los rasgos típicos de los primates como grupo zoológico.
La primera propone que la dieta es el factor que más ha influido en la evolución de nuestras adaptaciones (manos prensiles, visión binocular y cromática, complejidad cerebral, todos los rasgos útiles para aprovechar mejor algunos recursos alimenticios como las hojas, las frutas y los insectos).
La segunda, en cambio, da más peso a la estructura social, particularmente compleja si la comparamos con la de los demás mamíferos. Las dos hipótesis, que no son excluyentes, siguen en liza.
El papel del individuo ya no es solo el de difundir sus genes, sino también (y sobre todo) de difundir información.
Robin Dunbar: Encontró una curiosa asociación: en primates (y sólo en primates) el tamaño del grupo social es proporcional al tamaño del cerebro.
Las especies con el cerebro más grande forman, en promedio, grupos sociales más grandes.
En realidad, no se trata del tamaño de todo el cerebro, sino en particular del tamaño de la corteza de asociación, la que integra las informaciones, es decir, prevalentemente la corteza prefrontal, parietal y temporal.
En los primates no humanos la forma principal de hacer amigos es el grooming, es decir, el acicalamiento social, una desparasitación recíproca y placentera que desata las drogas endógenas del cerebro (endorfinas), mezclando limpieza, jerarquías y contacto físico. Si comparamos especies de primates diferentes, el tiempo dedicado a este acicalamiento es proporcional al tamaño del grupo y del cerebro.
Las especies con cerebros más grandes dedican más tiempo al contacto físico y tienen un grupo social más grande. Pero resulta que, si uno calcula el tiempo necesario para cumplir con los deberes del día, el tiempo que queda para el despioje comunitario permite relacionarse con un máximo de cincuenta individuos, más o menos.
Entonces queda la duda de cómo hemos conseguido los humanos reunir nuestra tribu de 150 elementos, traspasando este techo de logística diaria, y según dunbar, la respuesta está en nuestro mecanismo adicional de grooming: el lenguaje.
Si con el mismo tamaño cerebral contaban con más corteza occipital, entonces la corteza de asociación debería ser más pequeña y por ende su grupo social podría haber sido más pequeño (neandertales).
Si es verdad que las proporciones de la corteza cerebral eran distintas, y es cierto que esta tiene una forma u otra, que denotar diferencias cognitivas, no está de más recordar que las líneas evolutivas diferentes pueden desarrollar capacidades cognitivas diferentes.
La capacidad de crear un “yo” con un largo recorrido narrativo y temporal es uno de los superpoderes de nuestra especie, y se basa en una habilidad de proyección que en todas las doramas, tiene un efecto secundario: nos desconecta del momento presente. Esta interminable e inagotable destreza en la rumiación es la causa de cierto “sufrimiento” existencial.
“Un potencial de imaginación viene bien para la supervivencia de la especie, pero no para la calidad de vida de un individuo” Bruner
Se ha empezado a pensar que el ambiente puede ser algo más importante que un simple escenario pasivo del espectáculo cerebral. “Ambiente” en nuestro caso, es también la cultura e incluso la cultura es material, es decir, la tecnología.
Nuestra tecnología es, de hecho , un elemento estructural y funcional de nuestras capacidades cognitivas.
Nuestros cálculos dependen de ella, nuestra memoria también, y nuestras capacidades sensoriales.
Capturamos información con nuestra tecnología y la integramos con ella.
Nuestro cerebro coordina, pero en realidad solo hace una parte del proceso, pues desde que empezamos a construir herramientas, encargamos a nuestra tecnología parte del proceso cognitivo. El cerebro traspasa capacidad cognitiva (sentidos, cálculos, memoria, espacio, etc) a periféricos extrasomáticos (herramientas).
El cerebro interpreta los objetos como una extensión del cuerpo, o tal vez el cuerpo mismo como objeto. Nuestra mente interpreta de una forma distinta los objetos que tocan el suelo (espacio personal), que los que están a su alcance (espacio peripersonal) o que están fuera de su rango de acción (espacio extrapersonal).
James Mark Baldwin
Efecto Baldwin: se basa en la influencia que el ambiente puede tener en los individuos en función de su capacidad de amoldarse a los estímulos externos.
Aunque no evolucionen nuestros genes, lo hará nuestra tecnología y nuestra sociedad, y por ende, nuestras capacidades cognitivas. La mente del ser humano no es implícitamente tecnológica y colectiva.