Vida contemplativa - Byung Chul Han

A continuación, adjunto un compendio de las notas y su posterior reflexión del libro «Vida contemplativa», que, personalmente, me han parecido más interesantes, además del propio recorrido del libro y del aprendizaje obtenido.
Mi nota para este libro es de 4,5/5.
En su obra, Byung Chul Han nos relata como el capitalismo se ha apropiado no solo de nuestro tiempo, sino de nuestra existencia.
La vida no consiste en producir, acumular riquezas y tener más, y más.
La vida, consiste, en vivir.
“El tiempo libre carece tanto de la intensidad vital como de la contemplación. Es un tiempo que matamos para impedir que surja el tedio. No es un tiempo realmente libre, vivo, sino tiempo muerto” Byung
Una vida intensa hoy implica, sobre todo, más rendimiento, más consumo.
“Hemos olvidado que la inactividad, que no produce nada, constituye una forma intensa y esplendorosa de la vida.” Byung
“Estamos hechos de la misma materia de los sueños, y nuestra pequeña vida cierra su círculo con el sueño” William Shakespeare
Dado que sólo percibimos la vida en términos de trabajo y de rendimiento, interpretamos la inactividad como un déficit que ha de ser remediado cuanto antes,
“La inactividad tiene su propia lógica. No es una debilidad,ni una falta, sino una forma de intensidad” (Byung Chul) que sin embargo no es percibida ni reconocida en nuestra sociedad de la actividad y el rendimiento.
“La inactividad es una forma de esplendor de la existencia humana” Byung
“La inactividad es una forma de esplendor de la existencia humana” Byung
El callar le da profundidad al habla. Sin silencio no hay música, sino nada más que ruido y alboroto.
En el sabbat, toda actividad debe reposar. No está permitido proseguir ningún negocio. La inactividad y la suspensión de la economía son esenciales para la fiesta del sabbat.
El capitalismo por el contrario, transforma incluso la fiesta en mercancía. Carecen del reposo contemplativo.
Los medios sociales aceleran la desintegración de la comunidad.
“El capitalismo transforma el propio tiempo en mercancía” Byung
La verdadera felicidad se debe a lo vano e inútil, a lo reconocidamente poco práctico, a lo improductivo, a lo propio del rodeo, a lo desmedido, a lo superfluo, a las formas y a los gestos bellos que no tienen utilidad y que no sirven para nada.
Andar paseando parsimoniosamente, comparado con el caminar, correr o marchar hacia algún lado, es un lujo.
“El ceremonial de la inactividad es: hacemos, pero para nada
Este para nada, esta libertad con respeto a la finalidad y la utilidad, es la esencia de la inactividad. Y la fórmula fundamental de la felicidad.”
El andar, liberando del para-algo, del caminar resuelto hacia algún lado, se convierte en una danza.
Las manos, liberadas del para algo, tampoco se agarran. Juegan o forman gesto que no apuntan en dirección a nada.
La actitud que adopta el ser humano frente al juego ya desde niño, ilustra su inclinación originaria hacia la contemplación. La inactividad contemplativa diferencia al pensador del vigía o el observador, que siempre persigue un objetivo concreto. El pensador, por el contrario, está sin propósito, no tiene ningún objetivo en mente.
La inactividad en cuanto tal es un ayuno espiritual. De ahí que de ella provenga un efecto curativo. La obligación de producir transforma la inactividad en una forma de actividad para poder explotarla.
El dormir es un medio de la verdad. Solo en la actividad dividimos la verdad. El dormir revela un verdadero mundo interior detrás de las cosas del mundo exterior, que serían solo una apariencia.
La verdad es un fenómeno relacional. Provoca consensos por todos lados. La verdad se produce en el instante en el que el escritor toma dos objetos distintos y plantea su relación.
“El dormir y el sueño son sedes privilegiadas de la verdad.”
La actividad y la acción son ciegas a la verdad. Solo tocan la superficie de las cosas. Las manos orientadas a la acción buscan, pero no encuentran, la llave de la verdad. Esta recae, más bien sobre manos dormidas.
Tanto el dormir como el tedio son estados de inactividad. El dormir es la cima del relajamiento físico, mientras que el tedio es la cima del relajamiento espiritual.
Benjamin describe el tedio como “un paño caliente y forrado por dentro con la seda más ardiente y coloreado” en la que nos envolvemos al soñar
La experiencia no se le puede producir por medio de la actividad. La experiencia presupone, más bien, una forma particular de pasividad e inactividad: “hacer una experiencia con algo significa que algo nos acaece, nos alcanza, que se apodera de nosotros, que nos tumba y nos transforma.
Su medio es la escucha. El ruido provocado en la actualidad y la comunicación, sin embargo, pone fin a “la sociedad de los que escuchan”. Nadie escucha. Cada cual se produce a sí mismo.
Las actividades requieren mucho tiempo.
Hoy se impone por todas partes la forma de vida consumista en la que toda necesidad debe ser satisfecha de inmediato. No tenemos paciencia para una espera en la que algo puede madurar lentamente.
Las acciones se acortan y se convierten en reacciones. Las experiencias se rebajan a vivencias.
Cada vez soportamos menos el tedio. Y a raíz de ello, se va echando a perder la capacidad de tener experiencias
Internet, en cuanto bosque digital de páginas, nos arrebata el
“Don de la escucha”
La inactividad es la condición de posibilidad de la experiencia.
La espera comienza cuando ya no existe nada determinado a lo que aspirar. Cuando esperamos algo determinado, esperamos menos y nos cerramos al acontecer inconsciente.
“La espera comienza cuando ya no existe nada que esperar, ni siquiera el fin de la espera. La espera ignora y destruye lo que espera. La espera no espera nada” Byung
“La espera es la postura mental de quien está inactivo y contemplativo.”
El saber no puede reflejar la vida completamente. El no-saber como una forma de inactividad, reaviva la vida.
“No es suficiente que llegues a ver en qué ignorancia viven el hombre y animal; además has de tener voluntad de ignorancia y aprenderla” Nietzsche
“Ejercitarse es cansar al maestro hasta el límite del agotamiento mediante el empeño y el esfuerzo, hasta que finalmente el cuerpo y todos sus miembros puedan actuar según su propia razón.” Walter Benjamin
Quien está realmente inactivo no se afirma a sí mismo. Se desprende de su nombre y se vuelve nadie. Sin nombre ni propósito, se entrega a lo que acontece.
“Quietamente sentado, sin hacer nada,
Llega la primavera
Y crece la hierba sola”
Anacoluto anímico: discontinuidad súbita o inadvertida en la coherencia emocional o existencial de una persona; un tropiezo del alma que interrumpe la narrativa íntima que nos damos a nosotros mismos.
El sujeto renuncia a sí mismo. Se entrega a sí mismo a lo que suceda. Cada acción, cada actividad se suspende en favor de un acontecer sin sujeto.
“Esa sería la auténtica pereza. Lograr, en determinados momentos, ya no tener que decir “yo””.
La inactividad no es contraria a la actividad. La actividad, se nutre más bien de la inactividad.
El tedio es el umbral de grandes hechos. El tedio constituye la “cara externa del acontecimiento inconsciente”. Sin el no sucede nada
“La dialéctica de la inactividad la transforma en un umbral, en una zona de indeterminación que nos capacita para producir algo que no ha existido. Sin dicho umbral, se repite lo igual.” Byung
Los activos creadores se distinguen de los activos útiles en que hacen, pero para nada. Es justo esta parte de inactividad en la actividad la que facilita que surja algo completamente destino, algo que aún no existe.
“Solo el silencio nos vuelve capaces de decir algo inaudito. La obligación de comunicar, por el contrario, conduce a la reproducción de lo igual, al conformismo.” Byung
“El problema no consiste en conseguir que la gente se exprese, sino en poner a su disposición vacuolas de soledad y silencio a partir de las cuales podrían llegar a tener algo que decir” Byung.
“La inactividad es, pues, un umbral de un hecho inaudito”.
Desde hace 10 o 20 años, ya no pasa casi nada en literatura. Hay un torrente de publicaciones, pero una parálisis espiritual. La causa de ello es una crisis de comunicación. Los nuevos medios de comunicación son dignos de admiración, pero provocan un ruido enorme.
Inmanencia: que tiene sentido por sí mismo.
Lo catastrófico no es la irrupción de un acontecimiento inesperado, sino la continuidad de seguir-sucediendo, la repetición continuada de lo igual.
“La meditación es una capacidad en la que no actúa. Supone la pausa como interrupción, como inactividad.”
El presentimiento no se dirige, como presentimiento habitual pensado calculadoramente a la temporalidad venidera y solo próxima, recorre y mide toda la temporalidad: el espacio – juega – temporal de ahí.
El pensamiento de Heidegger gira incansable alrededor de aquel ahí primordial, que no puede ser atrapado por ningún saber proposicional.
La meditación inactiva se relaciona con la magia de ahí que está más allá de toda acción. Sus pasos “ no conducen hacia delante, sino hacia atrás, hacia donde ya nos encontramos”.
El estado de ánimo no es un estado subjetivo que trascienden hacia el mundo objetivo. Es el mundo.
Es más, es más objetivo que el objeto sin ser él mismo un objeto.
No podemos disponer del estado de ánimo. Es algo que nos sobreviene. No es posible provocarlo voluntariamente. Ocurre, más bien, que somos arrojados hacia el.
Pensar significa “abrir nuestros oídos”, es decir, escuchar y prestar atención. Hablar presupone prestar atención y corresponder.
El sufrimiento y el padecimiento son estados que no pueden ser alcanzados por máquina alguna. A las máquinas les es ajena, sobre todo la actividad contemplativa. Solo conocen dos estados: encendido y apagado.
La renuncia no quita. La renuncia da. El ser como lo indispone se da en la renuncia. Así la renuncia se transforma en agradecimiento.
“Lo posible es lo que merece ser querido.”
El cuidado se refiere a lo bello.
“La obligación de actuar, de producir y de rendir conduce a la falta de aire. El ser humano se asfixia en su propio hacer.”
Después del Giro, Heidegger llega a la conclusión de que son solo las actividades como la fiesta y el juego las que dan esplendor a la existencia humana.
Las cosas, liberadas del para-algo, se tornaron festivas ellas mismas. No funcionan, sino que brillan y resplandecen.
La crisis del presente consiste en que todo lo que podría darle sentido y orientación a la vida se está derrumbando. La vida ya no se apoya en nada resistente que la sostenga.
“La vida nunca fue tan escurridiza, pasajera y mortal como hoy”
Si el corazón es el órgano del recuerdo y la memoria en la era digital estamos absolutamente desprovistos de corazón. Almacenamos cantidades impresionantes de datos e informaciones, pero sin recordar.
Nos apartamos de cualquier forma del “para siempre”. Abjurar de las prácticas que toman mucho tiempo, como la fidelidad, la responsabilidad y el compromiso. La vida es gobernada por lo provisional, lo a corto plazo y por lo inconstante.
Hoy invertimos lo mejor de nuestro empeño en alargar la vida. En realidad, la vida se está reduciendo a la supervivencia.
Procuramos compensar el déficit de ser por medio de la prolongación de la vida desnuda. Entretanto, perdemos todo sentido de la vida intensa. La confundimos con más producción, más rendimiento y consumo, las cuales, sin embargo, no constituyen más que formas de supervivencia.
La falta de ser también se debe al proceso económico que cada vez aísla más a las personas unas de otras.
En la sociedad neoliberal del rendimiento no se construye ningún nosotros. El régimen neoliberal del rendimiento aumenta la productividad aislando a las personas y entregandolas a una brutal competencia.
Transforma la vida en una lucha por la supervivencia, en un infierno de competencia desenfrenada. Éxito, rendimiento y competición son formas de supervivencia.
La digitalización también desmantela al ser en cuanto ser-con. Estar conectada no es lo mismo que estar vinculada. La conectividad sin límite es justo lo que debilita la vinculación.
Una relación intensa presupone a otro que escapa a la disponibilidad. Con la ayuda de la conexión digital hacemos del otro, del tú, un ello a disposición lo cual conduce a una soledad primordial. Un objeto consumible que satisface nuestras necesidades no consiente una vinculación intensa.
De este modo, a pesar de la creciente conexión y conectividad, estamos más solos que nunca.
Una vinculación intensa surge cuando conectamos un objeto con energías libidinosas. Un reflujo de las energías psíquicas , sin embargo, lleva a que estos no fluyan hacia el otro, sino que vuelvan a correr hacia el yo.
Este reflujo psíquico, el embotellamiento de energías libidinosas no ocupadas, nos genera angustia. La angustia surge cuando nos falta la vinculación con el objeto.
La falta de ser provoca un exceso de producción. La hiperactividad y la hipercomunicación actuales se pueden entender como una reacción a la falta de ser reinante. La falta de ser contrarresta con el crecimiento material.
El capitalismo se nutre de la ilusión de que más capital produce más vida, más capacidad de vivir. Pero esa vida es una vida desnuda, una supervivencia.
Un sentimiento de falta impulsa a realizar acciones.
La plenitud de ser en cuanto belleza se alcanza en la contemplación.
A la pregunta sobre para qué había venido al mundo, el filósofo griego Anaxágoras respondió “para contemplar”.
En el momento del nacimiento se nos libera de una oscuridad sin objetos en dirección hacia el mundo luminoso.
No para actuar más que para contemplar abre los ojos al niño recién nacido. Lo que funda la natalidad no es la acción, sino la contemplación; no es el pathos de lo nuevo, sino el asombro ante lo que es. Nacer significa ver la luz del mundo. Vivir es idéntico, en Homero, a “contemplar la luz del sol”.
El tiempo de fiesta es un tiempo de contemplación intensificada. El “sentimiento de festividad” es un sentimiento intensificado. Las fiestas iluminan el mundo proporcionando sentido y orientación.
El trabajo desconecta y aísla a las personas. La fiesta, por el contrario, crea comunidad. Reúne y une a las personas. El sentimiento de festividad es siempre un sentimiento de comunidad, un sentimiento de nosotros.
“La fiesta es comunidad, es la presentación de la comunidad en su forma más completa” Hans Georg Gadamer.
El sentido profundo del sabbat es que la historia es superada al ingresar en la feliz inactividad.
La concepción de la polis de Arendt se basa en la necesidad de redención. La polis debe procurar que “la más pasajera de todas las actividades de los mortales” a saber, la acción, alcance y “perennidad”. Solo la acción política le concede al ser humano la inmortalidad.
El anhelo de gloria eterna es el movens de la historia. Según Arendt, solo alguien que aparezca entre el público y exhiba su singularidad puede reclamar para sí la realidad.
La libertad de expresión y el decir la verdad (parrhesia) son peligrosas para la polis. Quien, por motivos nobles, declara la verdad y se opone, al hacerlo, a la voluntad de la multitud, debe sufrir el riesgo de ser asesinado.
Arendt confiere a la política una dignidad ontológica e incluso soteriológica, comparando así a la esfera política una existencia, y con un carácter redentor.
El ser humano acude al reino de la libertad cuando se libera de la “servidumbre del proceso biológico de la vida”. Únicamente la libertad de la acción libera al ser humano de la urgencia y la necesidad de la pura vida.
El objetivo de la revolución no es, por consiguiente, la liberación de la urgencia, la miseria, el dolor, la pobreza, la injusticia y la opresión, sino la fundación de la libertad.
“La libertad no es una tarea de la política. Pertenece, como la miseria, al reino de la necesidad” Byung.
“La urgencia social y la pobreza son asuntos que corresponden a la técnica y no a la política” Byung
“Cuando un niño muere de hambre, es asesinado” Jean Ziegler
Según Kierkegaard:
“Solamente se cansa uno de lo nuevo, pero no de las cosas antiguas. Las cosas antiguas son el pan cotidiano que satisface con abundancia y bendición. El pan diario carece de atractivo. Solo lo desprovisto de atracción consciente la repetición.”
Los espíritus más fuertes y los más malvados son los que hasta ahora más han hecho avanzar a la humanidad: siempre encendieron de nuevo las pasiones adormecidas (toda sociedad establecida adormece las pasiones), despiertan una y otra vez el sentido de la comparación, de la contradicción, del placer por lo nuevo, lo arriesgado, por la no experimentación; obligaron a los hombres a contraponer opinión contra opinión, modelo contra modelo.
Con las armas, derribando los límites la mayor parte de veces ofendiendo a la piedad: ¡Pero también mediante nuevas religiones y morales!
“La sociedad de masas encarna la victoria de la sociedad general”. En la sociedad de masas moderna se produce un “dominio de nadie”. Se suprime al “alguien” como sujeto de acción.
La biopolítica moldea cuerpos humanos y los administra. Produce cuerpos dóciles en el régimen disciplinario que subyace en el capitalismo industrial.
“Hoy nos explotamos por voluntad propia y con la creencia de que nos estamos realizando” Byung.
Como resulta evidente que por mucho que la eterna pueda estar en el centro de un pensamiento, el propio pensador, deja este interés en la estacada en el moment en que sienta a pasar por escrito sus pensamientos sus pensamientos; mientras dura el escribir, su principal interés ya no es lo eterno sino el cuidado de dejar rastros de lo que ha pensado para la posteridad.
A su manera, accedió a la vita activa, se volvió “activa” y al hacerlo se comprometió con las reglas y las modas que están vigentes en la vita activa, las cuales pueden conducir a la duración y probablemente a la inmortalidad, pero no a la eternidad.
Nunca se está más activa que cuando, a juzgar por la apariencia externa, no se está haciendo nada;
“Nunca se está menos solos que cuando se está solo con uno mismo en la soledad” Catón
“Cada objeto amado es el centro de un paraíso
“¿No se convierte la roca, cuando le hablo, en un “tu” verdadero?” Novalis
La intemporalidad es la esencia de la fiesta. El tiempo-de-fiesta es un tiempo detenido. Así transitamos por la fiesta. Solo se puede transitar algo que está detenido y no pasa.
“La creciente obligación de producir y comunicar dificulta la pausa comparativa. La religión presupone una atención particular. Malebrache describe la atención como la plegaria natural del alma. Hoy el alma ya no ora más. Hoy el alma se produce.”
El ateísmo no excluye a la religión. Para Schleirmacher:
“Tener religión significa intuir el universo. Ahora bien, si no podéis negar que la ide a de Dios es compatible con cualquier intuición del universo, debéis conceder también que una religión sin Dios puede ser mejor que otra con Dios”
Todo mi ser calla y escucha cuando las dulces ondas del aire juegan en torno de mi pecho. Periodo en el inmenso azul, levanto a menudo los ojos al Éter y incluso al sagrado mar.
Ser uno con todo, eso es la vida de la divinidad, ese es el cielo del hombre. Ser una con toda la viviente, volver, en un feliz olvido de sí mismo, al todo de la naturaleza, esta es la cima de los pensamientos y alegrías, esta es la sagrada cumbre de la montaña, el lugar de reposo eterno.
Holderin
Quien se produce, quién se exhibe, es incapaz de escuchar, de contemplar en una pasividad infantil.
En su ser luminoso, la naturaleza se eleva por encima de toda aprehensión humana. Violentamos la naturaleza ya desde el momento que la consideramos una media para una meta humana, un recurso.
La naturaleza está libre de metas y de utilidad. Su rasgo esencial es la inactividad. La naturaleza es “como un niño que juega consigo mismo y no piensa en nada más, sin esfuerzo, con tanta paz del alma
Caos racional o que caracteriza al futuro es un desorden, pero de orden racional. Nada está aislado de lo demás. Nada persiste en sí mismo. Nada se afirma a sí mismo. No hay fronteras fijas que separen las cosas unas de otras.