La sociedad está al revés

¿Qué está pasando hoy en día?

El otro día me encontré fuera de mi zona de confort, allí donde no habitúo a estar, donde me siento extraño. Es uno de esos lugares que habita la gente, la gente de mi edad.

Ese extraño lugar era un festival de música.

He asistido a varios de ellos, sin problema alguno en el pasado. El foco no está ahí. Cada quien con sus gustos, eso no lo discuto.

Pero lo que realmente me suscita la actual reflexión, fue los comentarios recibidos por mis allegados allí presentes, los cuales no comprendí hasta días posteriores.

Fueron comentarios como “qué ganas tenía de verte aquí”, “tienes que salir más de fiesta”, “no entiendo por qué no te gusta esto”, y similares.

En líneas generales, se me alentó a continuar mi conducta, cuál refuerzo conductista.

No suelo frecuentar esos ámbitos, porque mis gustos son diferentes.

Soy el tipo de persona introvertida, donde las aglomeraciones sociales le abruman, que prefiere la soledad de la mente y de ty, así como la tranquilidad.

Mis preferencias son aprovechar la mañana más que la noche.

El mundo de la noche me fascina y me aterra a partes iguales, pues dada mi formación académica como futuro psicólogo y mi interés en los procesos mentales y cómo las personas se relacionan, me intriga las relaciones sociales y los comportamientos de las personas que se encuentran en ellas, las cuales cambian, en ocasiones completamente, como si fueran otra persona.

Me aterra, por mi personalidad introvertida y hasta cierto punto inadaptable, social, así como en muchas ocasiones mi incapacidad de saber qué está pasando en realidad.

Siguiendo la línea anterior, me pregunto por qué se me alentó a una conducta improductiva y mezclada en el ámbito de la noche con el alcohol, a todas luces dañino para el cuerpo humano, y no, en cambio, hacia una actitud y vida intelectual y próspera.

Quizá mi pecado sea un exceso de pragmatismo que nubla mi visión.

Recalcar que mi crítica va enfocada a esas actitudes. No por ello estoy juzgando moralmente la totalidad de estos individuos, de los cuales no conozco sino un reducto ínfimo de sus vidas.

Sin embargo, mis observaciones me hacen concluir que la conducta “normal” es salir de fiesta el fin de semana, y esta conducta está totalmente aceptada por la sociedad. En cambio, si el fin de semana un joven se quedará en su casa estudiando, o leyendo, sin un propósito académico, como un examen o presentar un trabajo, sino de forma voluntaria, esta conducta suscita la preocupación de sus allegados.

La conducta de “salir de fiesta” se asocia con diversión, pasarlo bien, mientras que la conducta de “ratón de biblioteca” se asocia con aburrimiento, con estar forzado a hacerlo. Mucha gente no concibe que esta última pueda ser divertida para algunos individuos, tan solo es cuestión de preferencias.

Es preocupante que la acción de “aprender” sea vista como algo negativo.

¿Por qué tengo la sensación, desde hace tiempo, mucho tiempo, de que la sociedad acepta que la normalidad, es decir, en las partes centrales de la campana de Gauss, formada por los estilos de vida nocturna, de aquellos inclinados hacia el ocio y deja los estudiosos como un reducto anómalo y extraño?

¿Por qué no hay problema cuando alguien se somete a la noche y lo que ello conlleva, pero advertimos que la conducta de quedarse en casa con el estudio, lectura o la reflexión es una actitud preocupante?

¿Por qué se incentiva a la primera y se desincentiva la segunda? Sobre todo cuando tenemos claro cuál de las dos nos lleva al progreso.

Como nos indica la campana de Gauss anteriormente mencionada, los extremos siempre son problemáticos. Aquellos que tan solo salen de fiesta o aquellos que solo estudian tienen conductas problemáticas. Sin embargo, prefiero mil veces estar entre los segundos que entre los primeros, pues es bien seguro que me llevará más lejos intelectualmente.

La normalidad, con todo lo que incluye, o lo que se espera socialmente, está totalmente al revés.

Todo lo anterior me lleva el foco justo al uso de sustancias ligadas al mundo de la noche.

Al cambio de actitud y personalidad aparente.

Lo que por el día es una persona respetable, se transforma, después de unas copas, en un grotesco conglomerado de actitudes, que en otro ámbito serían totalmente inaceptables. Estos individuos son plenamente conscientes de la forma en la que les afecta la ingesta de sustancias, pero aun así deciden hacerlo.

El alcohol parece inhibir ciertas normas sociales, permitiendo este tipo de conductas.

Parece, pues, que nubla nuestra racionalidad, nuestro auténtico ser, para mostrar una faceta de nosotros con los límites sociales y personales más laxos.

Los individuos profesan actitudes y comportamientos que no se darían de otra forma.

¿Es posible que usen las sustancias para evadirse de la realidad?

¿Una realidad abrumadora, que les sobrepasa?

¿Para dejar de ser adultos, y tomar un rol diferente?

No sé las razones personales para perder la cordura y la racionalidad voluntariamente, aunque de forma temporal.

Algo que evidentemente no es sano ni para la mente ni para el cuerpo.

Tal vez sea beneficioso para nuestra psique, un momento donde dejar de ser parte de la sociedad, oprimidos por sus normas, y podamos dar rienda suelta a nuestros deseos.

El hecho en cuestión necesita más investigación por mi parte, e indagar en las causas psíquicas de tal conducta.

Cómo es posible, que esta sociedad incentive conductas no virtuosas, en pos del verdadero estado e ideal de virtud.

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