Los libros y las personas

Los libros y cómo influyen en las personas según su momento vital.

En esta ocasión trataré un tema menos controversial pero así mismo interesante a mi parecer.

La premisa que cimienta el siguiente texto es la siguiente: cada libro es para una persona y un momento vital concreto.

Esto significa que cada libro, tiene un momento adecuado de lectura. Cuando decimos que “un libro es malo”, el significado más allá de nuestras palabras es “no es para mí en este momento.”

Por poner un ejemplo, con la lectura de cuentos para recién nacidos, podríamos pensar que el libro “no nos gusta” porque no se adecua al momento para el cual está escrito el libro en cuestión

Por supuesto, es una burda exageración, pero puede pasar lo mismo con libros de autoayuda, búsqueda de trabajo, o conocimiento.

Puede que un libro de filosofía nos resulte pesado, difícil o aburrido, y que a otra persona, le resulte fácil, ameno e interesante. La diferencia entre una y otra persona no es más que el punto vital en el que se encuentran respecto al libro, ya que uno puede ser estudiante de filosofía, y la otra persona puede que ni siquiera le interese.

Por tanto, el criterio de “me gusta” o “no me gusta” quedaría relegado a un segundo plano.

¿Cuál sería, pues, un mejor criterio para la calificación de los libros?

En este caso, mi planteamiento es que cada libro está escrito para un fin, y su calificación debe ir orientada a si la lectura de dicho libro satisface tal fin.

Aquí es donde cambiamos de ecuación, y donde podemos decir que el libro escrito para recién nacidos es bueno en función de si satisface el propósito de entretener a dicho público, o en el caso de los libros de autoayuda, de sí realmente es capaz de ayudar a la persona lectora.

Es necesario, llegado este punto, hacer un inciso justo en este punto. Cuando hablo de libros de autoayuda, me estoy refiriendo a los libros de psicología sobre uno mismo, fundamentados en ciencia.

No tengo nada en contra de los libros de “autoayuda” al uso, tal como son los de pensamiento “piensa en positivo” y similares, pues se fundamentan también en una rama de la filosofía y la psicología como el positivismo, sin embargo, creo que no tienen la profundidad suficiente y la información como para llegar al fondo del problema.

Son libros, que considero introductorios, que sirven a la función de motivar al lector o a hacer explícito un problema, pero pongo en tela de juicio hasta qué punto pueden realmente ayudar dada su propia naturaleza.

Hecha la aclaración, prosigamos.

Al igual que un libro de “como ser padres” carece de sentido en cualquier persona que no esté interesada en tener descendencia, más allá que por el ansia de conocer o por curiosidad, ello no significa, siguiendo la línea de este artículo, que el libro sea malo. Simple y llanamente, el libro no es para esa persona en ese momento concreto de la vida.

Y  con esto, concluyo.

Los libros, debemos calificándolos rigiéndonos por su propósito, más allá del agrado que nos producen, y según mi criterio, priorizando su aspecto funcional más allá del estético, aunque sean los dos fundamentales.

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