No soy tolerante. No soy igualitario.

Dos términos en boga, presentes en la sociedad actual.

Pero déjame decirte una cosa

Yo no soy tolerante. No soy igualitario

¿Por qué?

Según mi perspectiva, cuando tildamos a otro ser de “tolerado” o “igual a mí”, lo hacemos desde un pedestal moral, desde una superioridad de nuestro ser.

Nos otorgamos la etiqueta de ser tolerante con los demás, y decidimos con quien somos tolerantes o no. Pero el concepto “tolerante” es un todo, o se es tolerante con todos, o no se es tolerante. El hecho de escoger con quién se es tolerante o no, rompe conceptualmente con el término de tolerancia.

Tiene similitud con otros conceptos, como el “ser buena persona”. Es un concepto que engloba un todo, no se puede ser buena persona en unos ámbitos y mala persona en otros. El hecho de ser mala persona en uno solo invalida el “ser buena persona”. 

Y lo mismo pasa con la tolerancia e igualdad. El ser intolerante con una sola persona rompe el término de tolerancia en un individuo. 

El autodefinirse no igual a otro ser humano, rompe totalmente la autoproclamación de igualdad en el individuo.

El concepto es el siguiente:

“Yo, como ser superior, te tolero”.

“Yo, desde mi pedestal, te reconozco como mi igual”.

Se otorga desde una posición de autoridad moral.

Son conceptos que son o no, pero en su totalidad. No hay una escala de grises.

Yo no tengo que ser tolerante contigo, ni igualitario. 

Estamos hablando de la autoproclamación como tolerante e igualitario. Por supuesto que existen personas que no son ni tolerantes ni igualitarios, pero aquí estoy hablando del «YO» en mayúsculas, poniéndome a mí en entredicho, y cada uno a sí mismo. No hablo a nivel de sociedad, sino a nivel individual.

Tolerancia

¿Y entonces?

La tolerancia solo puede tenerse para consigo mismo. Es un  concepto que se aplica a sí mismo, y lo mismo para la igualdad.

Por lo tanto, tenemos la característica definitoria de estos conceptos: son en su totalidad.

Siempre que no sean en su totalidad,  se están aplicando de uno mismo hacia los demás desde una posición de privilegio moral.

De forma aclaratoria expongo la metáfora del árbol que cae en el bosque. ¿Hace ruido al caer, aunque no haya nadie para escucharlo?

Por supuesto que sí. Y es precisamente a lo que me refiero con estos términos. Ambos son por sí mismos, sin necesidad de un actor o agente externo que los verifique o los otorgue como etiqueta.

Y es por ello que no puedo ser tolerante e igualitario con nadie. Justamente porque yo como individuo, no tengo el derecho moral de juzgar con quien soy tolerante o a quien otorgó la etiqueta de mi igual. O soy tolerante e igualitario, o no lo soy. Pero ello lo define la totalidad de mis actos, y si reconozco a toda, absolutamente todo individuo humano como igual.

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