Introvertidos y extrovertidos: dos mundos convivientes

Hoy vamos a hablar sobre la introversión y la extroversión.

Esta diferenciación, fundamental desde mi punto de vista, ha despertado mi curiosidad debido a mis intereses y estudios en psicología.

Cuando llega el verano, puedo observar cómo las diferencias entre extrovertidos e introvertidos se potencian de forma magnífica y claramente visible.

Durante el verano, encontramos buen tiempo, largos días soleados y, por consiguiente, todo tipo de fiestas y eventos para todos los gustos.

En todo ello, son los extrovertidos los que se ven claramente beneficiados, pues los introvertidos, nos resulta bastante indiferente, e incluso a algunos de nosotros, desagradable según qué eventos o convenciones sociales que parecen agradar a los demás.

Pero centrémonos en aquello que nos dicta la psicología para sentar unas bases comunes y poder razonar encima.

Teorías al respecto

Encontramos un compendio de teorías que nos aporta la psicología, que nos permite entender mejor y desde la ciencia, las características de cada uno de estos grupos, los introvertidos y los extrovertidos.

La primera gran teoría, imperante en el colectivo psicológico de la personalidad se encuentra en el modelo de los Big Five. Dicho marco teórico describe al extrovertido como alguien asertivo y sociable, y a los introvertidos como personas reservadas, poco sociables y con preferencia por actividades en solitario.

Por otra parte, siguiendo a Carl Jung, discípulo del gran Sigmund Freud, describió a los extrovertidos como orientados hacia el mundo exterior y energizados por el contacto social, mientras que los introvertidos como orientados hacia el mundo interior y que se energizan con tiempo a solas.

Otra explicación relevante es la de Eysenck, quien determina desde el punto de vista biológico, que los extrovertidos cuentan con una menor excitación cerebral intrínseca, por lo que buscan esta excitación en el mundo exterior, como compañía, ruido o actividad, mientras que los introvertidos contarían con una mayor excitación cerebral y por consiguiente prefieren ambientes tranquilos, y evitan la estimulación adicional para no sobrecargar el sistema.

Por otra parte, la teoría de la sensibilidad al castigo de Gray expone que los extrovertidos son más sensibles a los refuerzos de recompensa, que tenderían a experiencias más placenteras y gratificantes, mientras que los introvertidos son más susceptibles a las experiencias de castigo, que los haría más reservados y cautelosos.

Por último, la teoría de la personalidad biosocial de Cloninger describe a los extrovertidos como dependientes de las recompensas externas, por tanto tienden a buscar nuevas experiencias y se sienten más atraídos por las recompensas, mientras que los introvertidos son más cautelosos ya que no dependen tanto de las recompensas externas.

Haciendo acopio de las anteriores teorías y de las experiencias y conocimiento propio, vamos a avanzar sobre una definición unificada en torno a estos dos tipos de personalidades.

La definición propia

Para simplificar, voy a usar una metáfora, consistente en que nuestra energía se aumenta o disminuye. De esta forma, la energía de los extrovertidos es recargada con estímulos externos, como contacto social o salir al exterior, mientras que los introvertidos ven mermada esta energía en el uso de las mismas actividades.

Siguiendo la línea, los introvertidos recargan energía con la soledad, con nulo o poco contacto social.

Para mí, la combinación perfecta de teorías es la teoría de Carl Jung sobre la energía, que explica mi anterior metáfora, junto con la teoría de la personalidad biosocial de Eysenck, por la que introvertidos y extrovertidos cuentan con una excitación a diferentes niveles, lo que puede explicar las diferencias entre ellos.

Por supuesto, esta elección se basa en cuanto a mis gustos personales y mi experiencia.

Pero, y de forma paralela, es fundamental entender que las teorías de la personalidad no son determinantes, es decir nos dan posibles explicaciones fundamentadas y estudiadas, pero que sin embargo no son determinantes.

Su función, y es como se deben entender, es como una base sobre la que poder conocer las diferentes personalidades, en este caso en lo que respecta a los introvertidos y extrovertidos.

Introvertidos

La sociedad entra en juego

Dicho todo esto, debo decir que la sociedad se rige en muchas ocasiones por los extrovertidos.

A mi parecer, los extrovertidos gozan del honor de ser los más socialmente aceptados. Aquello que está bien visto, más aceptado son actividades como salir por la noche, quedar con amigos, o realizar actividades variopintas, pero socialmente.

Aquellos que preferimos la soledad, somos en muchas ocasiones tachados de extraños, enfermos y en los casos más agudos, dementes.

Y es que la soledad es definida de forma diferente por extrovertidos e introvertidos.

Para los extrovertidos, parece ser una especie de monstruo, donde el aburrimiento, el contacto con el yo se vuelve en algo totalmente a evitar, mientras que para los introvertidos, y hablo con sentimiento de causa, es el mayor de los placeres, el contacto con nosotros mismos, pues para nosotros no es percibido como soledad, sino como estar con nuestro yo.

Podemos pasarnos horas, incluso días, sin tener contacto social con los demás, con actividades individuales, como leer libros, jugar a videojuegos, escribir, pasear por la naturaleza, o un sinfín de maravillosas oportunidades donde nos sentimos tranquilos y en paz.

Y desde mi perspectiva, los introvertidos somos más cuidadosos de a quién permitimos perturbar dicha paz, pues nos es muy preciada, y por tanto, elegimos cuidadosamente personas que no la perturben, que nos entiendan. Y al no necesitar dicho contacto social, nos podemos permitir el lujo de elevar el estándar de estas relaciones.

Extrovertidos

Conclusión

En mi experiencia, he encontrado gente de ambos polos, que entienden el polo opuesto, u otros que no.

Que cuando exponemos que preferimos pasar un sábado por la noche, bien sea viendo una película, bien sea leyendo, o jugando a un videojuego, elevan una ceja en clara señal de que les parece extraño y como comentábamos preocupados, como no nos resulta atractivo salir de fiesta, por ejemplo.

Es cierto que, a nosotros, nos resulta igualmente extraño que a los extrovertidos les pueda apetecer realizar esas actividades que, desde nuestra perspectiva, son desagradables.

Pero ahí radica lo importante y la clave de este artículo. Aunque existen diferencias, no debemos permitir que estas nos separen, sino comprenderlas y aceptarlas para convivir de la mejor manera posible.

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