El «hombre masa»: la influencia silenciosa en el 23J

En la sociedad contemporánea, donde la información se disemina y consume a una velocidad vertiginosa, surge un fenómeno que invita a la reflexión: el hombre masa.

Este término, acuñado por el filósofo español José Ortega y Gasset, hace referencia a un individuo que, inmerso en la corriente de la opinión popular, renuncia a su pensamiento crítico e individualidad. En lugar de cuestionar, el hombre masa adopta y difunde puntos de vista prevalecientes, un proceso cada vez más visible en plataformas de redes sociales y en la política. 

En este contexto, nos embarcamos en un análisis en profundidad del hombre masa, explorando su comportamiento, su influencia en la sociedad y las implicaciones de su existencia en nuestra democracia.



El hombre masa. Entendiendo el concepto

El hombre masa. Ese personaje que encarna el conformismo, su inconmensurada indiferencia y su gran característica, su falta de individualidad.

El concepto hombre-masa fue acuñado en el siglo XX por el filósofo José Ortega y Gasset y que fue precedido por Gustave Le Bon, psicólogo francés que en su libro “la psicología de las multitudes” de 1895 detallo como las personalidades individuales confluyen y se fusionan en una personalidad colectiva. Esta personalidad colectiva constituye una especie de “alma colectiva” donde los individuos pierden su individualidad, dejándose llevar por la opinión popular.

Por otra parte, el gran Friedrich Nietzsche determinó a la “última persona”, un individuo conformista por naturaleza, siendo mediocre y rechazando abiertamente la creatividad y autenticidad en pos de una seguridad o comodidad.

El hombre masa es fruto de una sociedad democratizada y masificada la cual ha establecido un estándar elevado en cuanto a las comodidades, confort o seguridad.

José Ortega y Gasset

Aclarar que el concepto de “masa” de Ortega y Gasset no hace referencia a la masa, al vulgo, a las clases bajas, una mentalidad, un tipo de pensar, homogéneo y plano, superficial que afecta a todos los estratos sociales.

Estos individuos tienden a tener una retroalimentación en su interior, auto validando su percepción, sin crítica alguna, y dando su opinión o juicio como aquella que es válida, la única verdadera, desechando todas las demás, y justificandolo a través de la moral, retorciéndose hasta hacer encajar todo el engranaje.

Se trata de la afirmación del yo, frente al rechazo del otro. No está dispuesto a ofrecer la razón a otro, y por tanto, no está dispuesto a admitir crítica alguna.

El hombre masa se caracteriza por la mediocridad, la decadencia personal y su rechazo hacia la excelencia y calidad personal.

El hombre masa es aquel que tiene una solución para problemas denostadamente complejos, como el cambio climático, la pobreza, la(s) guerras actuales. Es aquel que tiene una clara opinión marcada, y que nunca escucharás decir “no lo se, debería investigar un poco más”, pues sus comentarios u opiniones son siempre concluyentes.

Son como una hoja caída en un río, a la deriva en el, dónde simplemente siguen la corriente.

Lo podemos ver con abrumadora frecuencia en las redes sociales, en especial en Twitter donde impera el sentimiento de “o estás conmigo o contra mi”, signo, como hemos comentado, característico de este hombre masa. 

Por otra parte, las tendencias en cuanto al consumo, pensamiento, moral o ética no buscan otra cosa que volvernos uniformes, establecer una línea base, y que la variación sea la mínima posible.

Es como intentar acortar la campana de Gauss en los extremos, e incrementar el pico, encontrándose cuantas más personas en el centro de la campana mejor.

El hombre masa en democracia

¿Y qué relevancia tiene el hombre masa en las elecciones democráticas?

Los políticos son conscientes de que son una fuerza política fundamental. Se constituyen como un ganado, el hombre masa es como el rebaño de ovejas que siguen un pastor, y si cunde el pánico en una rápidamente se extiende.

Por tanto, los políticos extreman sus esfuerzos en manipular a estos individuos en provecho propio, dándoles lo que necesitan: un culpable y un salvador.

La narrativa política que vivimos, sigue la mecánica de ofrecer al culpable de todos nuestros males, y ofrecerse a uno mismo como el salvoconducto del bien, moral, económico… Añádase el marco que se prefiera.

Toda la política se centra en hacernos saber lo malo que es el otro, frente a lo bueno que es el uno.

Las personas inteligentes pueden ver a la legua estas estrategias, a mi parecer tan infantiles y despreciables, pero que el hombre masa acepta y reacciona.

Reacciona porque los partidos políticos atacan a las emociones, no a la razón. Eslóganes emocionales y viscerales son los que se usan para incentivar a la acción, porque los humanos somos ante nada seres emocionales.

“La democracia es la tiranía de la mayoría” según Alexis de Tocqueville, hace ya más de dos siglos.

La mayoría es la que dicta lo que está bien o está mal, e impone al resto de la sociedad su pensamiento. Y podemos encontrar otra pregunta que es inquietante. ¿Realmente esta mayoría es capaz de discernir sobre los asuntos que pretende dirimir?

El hombre masa constituye una perversión de el método democrático, pues realmente es una única opinión colectiva, diferenciada en sus individuos, que por falta de crítica, como hemos comentado, se unen en lo que Le Bon nombró como “alma colectiva” o Ortega y Gasset como “hombre masa”, y que destruyen una capacidad de elección informada, crítica, profunda, con sus sombras y luces.

Pues, es ciertamente imposible estar de acuerdo en su totalidad con un partido político.

Siempre existirán puntos de desacuerdo, al menos en una persona racional, inteligente y crítica. El gran problema es que el hombre masa acepta la totalidad del programa de un partido, y pobre del incauto que se atreva a criticar a dicho partido, pues será inmediatamente tildado de lo opuesto.

¿Está por tanto, esta alma colectiva capacitada?

Tal como hablamos en anteriores artículos  el sufragio universal puede ser un error de método, que otorga a aquellos sin conocimiento o al hombre masa el poder.

Por tanto, ante la clase política, la cual es conocedora de cómo manipular al hombre masa, es, ha sido, y será nuevamente este, el hombre masa, el que escogerá quien será el verdugo durante los próximos 4 años.

Conclusión

En resumen, el fenómeno del hombre masa plantea preguntas esenciales sobre el funcionamiento de nuestra sociedad, la democracia y la libertad de pensamiento. 

En una era de fácil acceso a la información y de comunicación global, existe el peligro de que la masa pueda anular la individualidad y el pensamiento crítico. En política, la manipulación de estas «masas» puede distorsionar el proceso democrático, donde la emoción puede ser explotada en lugar de apelar a la razón.

Por ello, es fundamental promover el pensamiento crítico, la educación y la autonomía individual para contrarrestar los efectos negativos del fenómeno del hombre masa. Al hacerlo, podemos esperar construir una sociedad más reflexiva y resistente, donde las decisiones colectivas reflejen una comprensión profunda y ponderada de los problemas que enfrentamos.

 

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