Sufragio Universal: ¿Igualdad Injustificada?

El sufragio universal, el voto por todos los ciudadanos, independientemente de su condición, género, raza, posesiones o religión.

El método seguido por las democracias occidentales, modernas, liberales.

Un gran logro de la humanidad. ¿O no?

La siguiente premisa, y toda la argumentación que la continua, pretende ser un discurrir teórico.

La premisa que fundamenta la democracia con sufragio universal se basa en que todos los ciudadanos somos iguales, y por tanto, todos tenemos el derecho a voto.

Pero, ¿y si no fuera así?

¿El voto debe estar restringido?

Platón en su obra “La República” nos hablaba de que sólo los filósofos, aquellos que han buscando de forma impasible el conocimiento, la verdad y la sabiduría, serían aquellos que necesariamente deberían gobernar. 

Su argumento está basado en la idea de que tan solo con el conocimiento y la sabiduría somos capaces de tomar decisiones justas y efectivas. Para ello Platón argumenta en favor de los filósofos, pues trayéndonos a la propia definición de “filósofo” como “individuo dedicado a la búsqueda del conocimiento y sabiduría” . El término proviene del griego “philosophos” que significa literalmente como “amante de la sabiduría”.

Además, Platón argumenta que los filósofos, son menos proclives a la corrupción por su amor a la sabiduría. 

Siguiendo esta línea, tan solo aquellos ciudadanos que han demostrado la búsqueda constante de conocimiento y una profunda comprensión de los temas relevantes para la sociedad deberían tener el derecho a votar.

No todos los ciudadanos somos iguales en derechos y responsabilidades y ni tan siquiera se nos trata igual, ni se debería tratar igual.

Ejemplos de votos restringidos

Encontramos múltiples ejemplos de ello. 


Hasta la mayoría de edad no se nos considera autónomos ni aptos para una multitud de cuestiones.

Otro ejemplo reside en los inmigrantes y los residentes permanentes, donde los primeros tienen las mismas responsabilidades, como pagar impuestos o cumplir las leyes locales, pero sin embargo les negamos el derecho a voto en algunas ocasiones o les privamos de ciertos beneficios sociales o servicios.

Un ejemplo más reside en las personas condenadas por delitos, los cuales pierden derechos frente a la sociedad, como puede ser el derecho al voto o a su capacidad para ocupar cargos públicos.

Crítica al sufragio universal

A continuación, pretendo abordar la difícil cuestión de establecer una crítica al sistema de sufragio universal, pero para ello es necesario intentar ser objetivos en el proceso acerca de las cuestiones planteadas.

¿Acaso pondera de la misma forma aquel que despreocupadamente no cuenta con bagaje cultural, intelectual ni tan solo muestra interés en contraposición con aquel que sí cumple las anteriores cuestiones?

John Stuart Mill argumenta a favor de la democracia participativa. Sin embargo, apoya que no todos los votos deben valer igual, pues según él los ciudadanos con mayor educación deben tener más votos, argumentando que una mejor educación conduce a una mejor toma de decisiones.

Mill argumenta que un voto informado es más valioso que uno que no lo fuera. De esta forma, su visión conduce hacia un voto “ponderado” donde a más educación más votos o mayor es el peso del mismo.

Y he aquí la primera premisa

No el voto de todo el mundo vale igual, desde el punto de vista intelectual”

Depende pues, de la intelectualidad y del grado de desarrollo de la misma, que inequívocamente va ligada a una capacidad crítica y a cierto nivel de raciocinio a través del cual poder discernir entre las diferentes opciones.

En este punto, veo de obligado nombramiento la frase del emperador Marco Aurelio: “La opinión de 10.000 hombres no tiene valor si ninguno sabe nada sobre el tema”

¿Qué sabe el herrero del arte de la pesca o el pescador del arte de la forja?

Por tanto, ¿con qué potestad opina el herrero del arte de la pesca, y el pescador del arte de la forja?

Sufragio restringido. ¿A quién?

Por ende, para cada tema, hay expertos en la materia. Lo realmente difícil es discernir a qué experto atenerse, y qué grado de importancia adjudicar a cada experto y a cada tema tratado, pues cada experto se presentará siempre como el de mayor importancia.

Entonces, a nivel teórico, parece que lo más ético y moral pueda ser el sufragio restringido para favorecer aquellos con un genuino interés por las artes públicas y que cuentan con conocimiento para ello, de aquellos que o bien no cuentan con el suficiente interés, o el suficiente conocimiento para ello.

Ahora bien, se nos plantea otra diatriba. Sufragio restringido. ¿Pero a quién está restringido? Es decir, ¿quién puede y quien no puede acceder al derecho de voto?

En este punto encontramos como es habitual en el plano teórico, y con múltiples caminos.

Ya Aristóteles, el discípulo de Platón, discierne acerca de estas cuestiones. Para él,  la educación debería inculcar virtudes cívicas, para que los propios ciudadanos fueran capaces de juicio prudente y actuar en interés del conjunto.

Advertía de los problemas y peligros de una democracia sin restricciones, cimentada en tan solo el número de votantes y no a la calidad de su juicio.

Cómo implementar el sufragio restringido

Por ende, aquel método que parece más loable resulta en la posibilidad de una prueba de conocimiento cívico mediante la cual se pueda acceder al voto.

Esta medida plantea diferentes ventajas, pues sólo los que tengan un interés genuino se preocuparán de realizar dicha prueba, y sólo aquellos capacitados podrán ejercer el voto.

Otra posible implementación del sufragio restringido consistiría en otorgar el voto sólo a aquellos que cuenten con cierto nivel de estudios, un título educativo específico o similar.

En el supuesto teórico de implementar dicha prueba, aquellos que no quisieran o no pudieran votar quedarían a cargo de aquellos que sí pudieran hacerlo.

De otra forma, con los requisitos educativos, no sería necesario realizar la prueba, sino que se accedería al voto por mérito propio.

Críticas al sufragio restringido

La crítica que se ha realizado a estos sistemas de sufragio restringido reside principalmente en tildarla de elitista o discriminatoria, lo cual parece ser cierto. Sin embargo, debemos analizar la connotación negativa que se adjudica a dichos adjetivos, pues la discriminación es, y debe ser utilizada, y así se hace en nuestro día a día, sin mayor perjuicio.

Desde el momento en el que discriminamos a todos aquellos individuos no aptos para un puesto, por su conocimiento, como aquellos no formados en medicina para curar a los enfermos, o a aquellos no poseedores de los conocimientos de pedagogía para educar a las jóvenes generaciones, estamos discriminando. Sin embargo en estos casos está claramente aceptado por la mayoría. 

El filósofo Immanuel Kant promulgaba que los humanos deberíamos contar con autonomía, la cual ligaba indiscutiblemente a la moralidad y la justicia, artes a cultivar en las responsabilidades públicas. Por tanto, solo aquellos que demuestren dicha autonomía deberían tener la posibilidad de ejercer su voto.

Por otra parte encontramos la crítica acerca de la participación de toda la ciudadanía, aduciendo que todos los ciudadanos tienen derecho a participar en la toma de decisiones que les afectan directamente.

Siguiendo la argumentación de Kant, podríamos interpretar que la falta del derecho a participar en la toma de decisiones políticas de forma independiente de su nivel de conocimiento o educación podría dificultar o imposibilitar su capacidad de autodeterminación

Otra crítica que debe ser resuelta es el acceso a la educación. Pese a que en países occidentales la educación es un derecho fundamental y obligatorio hasta cierto punto, la calidad y su acceso pueden estar comprometidas dependiendo de diversos factores, como la ubicación geográfica o estatus socioeconómico.

Sigue el problema de la implementación, resultante de la puesta en práctica del sufragio restringido, pues, ¿quién determina qué conocimiento o educación es suficiente, como valorarla o como establecer una prueba justa y objetiva?

Por último, y a mi parecer el más importante por el peso filosófico que se desprende, reside en el valor intrínseco del voto. El acto de votar no tan solo es un acto de decidir, sino un acto que representa la igualdad de todos los ciudadanos, de forma que cuenta con un valor intrínseco. 

Sin embargo, como hemos debatido con anterioridad, la igualdad puede ser debatida, pues igualdad no es sinónimo de una mejor moral o ética.

Conclusiones

El debate entre sufragio universal y sufragio restringido se ha producido a través de los siglos, desembocando en la actual política de sufragio universal. Sin embargo, este debate cuenta con implicaciones filosóficas, sociales y políticas de profundo calado que no han podido ser tratadas totalmente en el presente artículo.

El sufragio universal se basa en la idea de igualdad de todos los ciudadanos, desdeñando el valor del voto.

El sufragio restringido sin embargo se centra en el valor de este, dotándolo de más peso en función de las mayores aptitudes del individuo para ello.

Sin embargo, existen problemas a resolver en cuanto a su aplicación evidentes, que deben ser debatidos de forma clara y objetiva.

Queda, sin embargo, el debate abierto a futuras aportaciones y reflexiones.

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